24 feb. 2013

Hestia, la diosa del hogar

Hestia Giustiniani
    Hestia, diosa del Hogar, entendido como el fuego del hogar, es la primogénita de Cronos y Rea, por lo que es hermana de Zeus, Poseidón, Hera, Hades y Deméter. Permanece siempre en el Olimpo, virgen como Atenea y Ártemis. Es una diosa que es identificada con el fuego, es poco representativa en el arte y está ausente en las procesiones de los dioses.

      Esta diosa es identificada con la diosa Vesta de los romanos, ambas son personificaciones del fuego del hogar y reciben culto allá donde haya un hogar, es decir, no sólo el fuego de la casa sino el de la ciudad, con un carácter privado o público, comunal. En algún momento le dedicaré una entrada a Vesta y sus sacerdotisas: las vestales, un tema muy interesante desde el punto de vista del culto y la religión, y también desde el punto de vista de las mujeres.

       Hestia fue cortejada por Poseidón y por Apolo, pero Zeus le entregó la gracia de permanecer virgen para siempre. Además le concedió el don de ser venerada en todas las casas de los seres humanos y en templos dedicados a otras divinidades. Hestia permanece inmóvil en el Olimpo como el hogar doméstico es el centro religioso de la morada, Hestia es el centro religioso de la mansión divina (Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana, p. 265). Esta inmovilidad explica su ausencia en las leyendas antiguas ya que se trata más de una Idea abstracta más que de una divinidad.

Hestia, detalle de una vasija, siglo VI a. E.
          Mirándolo desde otra perspectiva, Hestia hace pareja con Hermes. Él es el más móvil de los dioses, el que participa de los asuntos de los dioses. Este par de dioses es una forma de representar y reforzarla posición de las mujeres en la construcción de la sociedad patriarcal. La mujer en casa y el hombre participando en la vida pública, donde se llevan a cabo las decisiones importantes para la comunidad. Por lo tanto, Hermes es la movilidad y Hestia la inmanencia, son las dos caras de una misma moneda.

         En el único relato que aparece Hestia es en un pequeño episodio durante un banquete al aire libre, donde Príapo (dios de la ciudad asiática de Lámpsaco) se emborrachó y mientras los dioses dormían intentó violar a Hestia. En ese momento un asno rebuznó y despertó a la diosa que gritó al despertarse y ver sobre ella a Príapo, quien salió huyendo.

       Hestia era una diosa tranquila y caritativa y, como diosa del hogar, las amas de casa buscaban su protección. El hogar consagrado a la diosa era el centro de la vida y los griegos no celebraban un banquete sin antes ofrecerle un sacrificio. La desgracia caería sobre todo aquél que intentase violar a alguien bajo la protección de Hestia.

"El sacrificio a Vesta", de Goya (1771).

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